El hombre que puso en jaque a la naciente democracia española falleció a los noventa años, cerrando un capítulo polémico de la historia política de la península ibérica.
La noticia del deceso de una de las figuras más controversiales de la historia reciente de España ha generado una ola de reacciones en todo el arco político europeo. Se confirmó que murio Antonio Tejero el militar que encabezo el intento de golpe de estado en Espana en 1981, recordado mundialmente por irrumpir con un arma en la mano en el Palacio de las Cortes. Aquella imagen recorrió el planeta y se convirtió en el símbolo de la última gran amenaza contra las instituciones democráticas españolas tras la dictadura de Franco. Tejero falleció en un hospital militar debido a complicaciones de salud propias de su avanzada edad, tras haber pasado gran parte de su vida cumpliendo condena y posteriormente en un retiro absoluto de la vida pública. Su fallecimiento ha reabierto el debate sobre las heridas de la transición española y la fortaleza de sus leyes actuales. No se han previsto homenajes oficiales ni funerales de estado, dado el carácter de su actuación histórica que le valió la expulsión de las fuerzas armadas en su momento. Algunos sectores minoritarios han manifestado su respeto en las redes sociales, mientras que la mayoría de los líderes políticos han preferido guardar silencio o recordar la importancia de la defensa de la constitución. El asalto de aquel 23 de febrero quedó grabado en la memoria colectiva como el día en que el Rey Juan Carlos I tuvo que intervenir para desactivar la rebelión. Los restos del exmilitar serán inhumados en una ceremonia íntima en su localidad natal de acuerdo con el deseo de su familia. La prensa internacional destaca que con su muerte desaparece el último protagonista vivo de aquel intento de quiebre institucional que marcó a fuego a toda una generación de españoles.






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