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Los precios de la harina de soja atraviesan un período de suba que encuentra su principal sostén en un fenómeno económico de alcance mundial: el creciente consumo de proteínas cárnicas en prácticamente todas las regiones del planeta.

Este escenario representa un punto de inflexión respecto a episodios alcistas anteriores. En la actualidad, el valor FOB sudamericano de la harina de soja se posiciona muy próximo a sus máximos históricos, reflejando una demanda sostenida que trasciende fluctuaciones coyunturales.

La relación entre ambos mercados es directa: la ganadería intensiva demanda grandes volúmenes de alimento balanceado, donde la harina de soja constituye un componente proteico fundamental. Este apetito creciente por productos de origen animal en mercados desarrollados y emergentes sostiene la presión alcista sobre los granos oleaginosos.

Para los productores agrícolas argentinos, esta dinámica representa una oportunidad concreta. El incremento de cotizaciones refleja una demanda estructural, no meramente especulativa, lo que sugiere mayor estabilidad en los precios.

El fenómeno debe contextualizarse dentro de tendencias globales de consumo: a medida que aumenta la población mundial y se expande la clase media en distintas regiones, crece la demanda por proteínas cárnicas. Esta expansión genera un efecto multiplicador en la cadena de suministro, impulsando la demanda de insumos como la harina de soja utilizada en la alimentación animal.

En síntesis, quienes se benefician de los precios sostenidamente altos de la soja pueden atribuir esta situación, en gran medida, al apetito global por carne que crece sin cesar en los mercados internacionales.

Imagen: Dan Hamill / Pexels – Con informacion de Bichos del Campo

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